lunes, 19 de diciembre de 2016

El amor

A pedido de una de las personas interesadas en leer mi blog, así como también lo interesante que es, iniciaré este espacio con un tema donde hay mucho para abarcar: EL AMOR. Y sin dudas es algo de lo que ningune de nosotres ha escapado, ya que aunque aún no nos hayamos enamorado es posible que hayamos pensado en eso al ver una película, o una pareja caminando tomades de las manos, o simplemente al vernos en el futuro con alguien o no.

Y para comenzar este camino, y tratándose de mi espacio, tendría que empezar por un repaso por las veces en que he caído en las garras del amor. A decir verdad, sólo he estado enamorado dos veces, lo cual es mucho considerando que hay personas que nunca experimentaron ese sentimiento. Pero para alguien que disfruta mucho el estar enamorado como yo, dos veces resulta muy poco. En especial porque en mi camino hubo personas de las que me hubiese encantado haberme enamorado por lo especial que son, o por lo especial que me hacían sentir, ya no lo sé. En fin, sólo he estado enamorado dos veces.

La primera de ellas, hace un poco más de cinco años, ocurrió con una foto de Facebook de detonante. Sí, con una foto de Facebook. Nos teníamos de contactos hacía tiempo pero no habíamos hablado mucho, pero a partir de una foto que subí con un sugerente mensaje, que dio pie a una ingeniosa respuesta de su parte, empezamos a hablar. Y así como si nada, lo invité a almorzar un lunes a mi casa. Lo recuerdo porque hubo dos anecdotas muy graciosas: una, que no tenía mucho en la heladera y lo que cocine fue un verdadero desastre; la otra que tuve que pagar una apuesta y fue muy divertido. Al otro día (martes), salimos a comer y dormimos juntos, por lo que el miércoles despertamos uno al lado del otro. Tan intenso había sido ese primer flechazo del amor en mi vida que esa mañana de miércoles nos pusimos de novios, unas 44 horas después de habernos conocido. Intenso, ¿no? Y a los cuatro meses de novios nos fuimos a vivir juntos, a los seis meses nos comprometimos y la relación se extendió por casi dos años. Digamos que la relación terminó antes que el amor, pero dejaré eso para futuras reflexiones acerca de los fracasos amorosos. Sí puedo decirles que hoy somos muy buenos amigos, ya que siempre he creído intensamente en que a las buenas personas une debe mantenerlas en su vida, aún cuando esas relaciones iniciales se modificaron.


La segunda vez que el amor llegó a mi vida fue de forma sorpresiva, ya que en un viaje, donde tuve algunas capacitaciones y talleres, lo conocí. Si bien lo había visto el primer día y me había resultado atractivo, no era la idea del viaje generar relaciones personales.  Pero el segundo día hubo un taller muy emotivo en el que me quebré y estaba muy afectado. Y ahí fue cuando el sujeto en cuestión se acercó, abrazándome. El sentimiento de conexión fue inmediato, como si algo nos uniera. Posteriormente, después de la cena y demás, nos fuimos a hablar solos de muchas cosas, de la vida, de miedos, de cosas simples. Y en medio de esa charla sobrevino otro abrazo, igual o más intenso que el anterior y quedé flechado (al parecer nadie me llega pero cuando lo hace es en serio). Vivimos bastante lejos, así que al otro día cada uno volvió a sus lugares de origen, pero la energía siguió y estuvimos juntos seis meses. También las razones de ruptura serán motivo de futuros posteos.

Y aquí me encuentro ahora, solo hace casi un año y con pocas oportunidades de que eso cambie. Por ahora, por supuesto. Si de amor se trata siempre creo que esta bueno permitirse enamorarse cuantas veces uno pueda, quiera o necesite. En definitiva he tomado muy personales las palabras que dijo una vez una sabia mujer: "El hecho de que un amor no dure para siempre no lo hace menos importante, a veces hay amores que llegan en determinados momentos de nuestra vida, cumplen su ciclo y se terminan. Pero no por eso son menos importantes." Creo firmemente que el amor es un sentimiento y también una decisión, pero que para funcionar debe ser ambes, un sentimiento que nos haga sentir que con esa persona queremos compartir momentos, emociones, muchas cosas. Y la decisión de sostener ese sentimiento en el tiempo, construyendo lazos de confianza, comunicación y respeto.




Para mí el amor se trata de compartir, no de poseer. Ambas personas deben ser libre y estar bien individualmente, ser capaces de ser felices con o sin la otra parte. Porque hay que ser sinceres, las personas pueden dejar de estar en nuestras vidas por muchísimas razones y lo mismo hay que seguir adelante. Y creo que no hay nada más lindo que elegir al otre en libertad, sin necesitarle, sin ponerle la carga de hacernos felices. Disfrutar de ver a la otra persona en su máximo esplendor porque no necesitamos que se ajuste a nuestros parámetros. Y si no podemos amar a una persona por lo que es en su esencia más profunda, entonces no podemos amarla.


Sí podemos debatir esos espacios grises, por así decirlo, donde tenemos que ceder. Conocer esas partes negras que representan las cosas muy nuestras que no vamos a resignar porque son nuestra esencia y quien nos ame tiene que amarlas o por lo menos aceptarlas. Luego vienen esas partes grises, que es donde vamos a intentar negociar porque son importantes pero no vitales. Y también habrán partes blancas, que serán esas cosas que no nos importará ceder porque no tienen gran representatividad en nuestras vidas. 


Y quizás quede mucho más para hablar del amor, porque una relación de pareja no es el único amor que existe, hay miles de formas de amar: a nuestras familias, a nuestres amigues, a nuestra tierra, a les animales, etc. Y eso hace que haya mil temas y opiniones por compartir. Hoy surgió hablar de esto, mañana surgiran cosas distintas. Gracias por haberme leído y hasta pronto.

Nota: Esta primera entrada va dedicada a Matías, que fue quien pidió que hablara acerca del amor mientras duerme la siesta así puede leerlo al despertar.


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